Proyectos
"Yo creo que vamos bien" reemplaza a los datos reales de avance. Sin métricas objetivas ni mecanismos de reporte confiables, el estado del proyecto depende de quién lo esté contando y de qué tan optimista sea ese día.
Este problema es peligroso precisamente porque es cómodo: reportar sensaciones es más rápido que medir datos reales, y nadie quiere ser la persona que trae malas noticias en una reunión de seguimiento. Pero sin indicadores objetivos, la dirección toma decisiones basadas en la confianza que le genera quien reporta, no en la realidad del proyecto — y para cuando los números reales salen a la luz, la brecha entre percepción y realidad ya es demasiado grande para corregir sin costo.
Esta subárea tiene 19 puntos de dolor documentados, cada uno con sus kits.