Proyectos
El equipo trabaja al límite —o muy por debajo de su capacidad— porque nadie tiene visibilidad real de cuánto está ocupada cada persona. La sobrecarga silenciosa de unos convive con el ocio invisible de otros, y ambos casos afectan la calidad y los plazos.
Sin un panorama centralizado de quién está haciendo qué y con qué disponibilidad, las asignaciones se hacen por intuición o por quién está más disponible emocionalmente para decir que sí, no por un análisis real de capacidad. El costo de esto se paga en dos monedas distintas: el agotamiento y la rotación de las personas sobrecargadas, y la frustración de quienes sienten que su tiempo no se está aprovechando donde más se necesita.
Esta subárea tiene 19 puntos de dolor documentados, cada uno con sus kits.